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Ideal para quienes necesitan de un medio rápido y eficiente para moverse en la ciudad. Sus líneas envolventes y excelente velocidad punta lo hacen también apto para la ruta. Rey de la urbe, príncipe de los caminos.
Maxi Scooter ciento por ciento. Digno heredero de una nueva tendencia nacida hace unos años en Europa y que poco a poco está desembarcando en Argentina. Para este 2009, Yamaha propone en su Line-up dos versiones de Maxi Scooter: el Majesty 400 que aquí presentamos en exclusiva y el T-Max 500 que estaremos probando próximamente.
Primera vista
Hay que acostumbrarse. No es frecuente (al menos por estos lares) toparse con un Scooter de tales dimensiones y pensar en el equilibrio necesario para llevarlo principalmente en ciudad. Pero no. Todo lo contrario, el “feeling” al primer contacto es prácticamente inmediato, sintiéndose uno seguro por el volumen que tiene el Maxi Scooter ni bien se toma conciencia de que el manubrio pasa exactamente igual que en cualquier otro vehículo tipo “cub” (abreviatura de “cheap urban bike”). Lo único a tener en cuenta surge a la hora de maniobrar entre los autos, porque al ser tan largo entre ejes hay que tener cuidado, principalmente con la parte de atrás, para no engancharse con otro al pasar por el costado en un error de cálculo. Su diseño aerodinámico está bien logrado. Tal vez sea necesario tener un poco de precaución en días de mucho viento, ya que se experimenta la sensación del aire envolviendo el tren delantero. Después, tuvimos la fortuna de probarlo un día completo bajo lluvia, y ahí sí captamos sus verdaderas ventajas como Maxi Scooter... una gran moto con carenado. Más allá de servir de reparo para los pies (sólo se humedecen al parar en los semáforos), mientras se está en movimiento (entre 70 y 90 km/h) el agua pasa por arriba. Esto es producto de un agresivo diseño aerodinámico en la trompa y de un parabrisas que cumple muy bien su función, tanto en ciudad como en autopista... y en ruta (porque, aunque no estaba en los planes, también lo probamos en ruta.¡Perdón, Matías y Nicolás!).
Volviendo a la estética, vale destacar la sobriedad en el color (nos tocó un ejemplar en negro), así como la combinación con el tapizado del asiento (un marrón claro tipo “té con leche”). La disposición de manejo para el piloto es muy cómoda, con un asiento ancho que soporta muy bien la eventual necesidad de transportar un pasajero.
Un plus en comodidad Otra de las características que diferencia a los Scooters y Maxi Scooters de cualquier otra moto, es la facilidad para transportar objetos personales. A partir de aquí, podemos diferenciar la guantera para guardar papeles o documentos (con cerradura de llave), el portaobjetos (de reducidas dimensiones) para poder llevar monedas y el voluminoso portacasco (por debajo del asiento), con capacidad para dos cascos o un mix de casco y mochila. Más allá de su practicidad para transportar cualquier tipo de elemento, está protegido por un burlete de goma que garantiza su impermeabilización en caso de lluvia. Ergonómicamente, los comandos están bien distribuidos y son fáciles de operar en el manejo urbano. Se destaca el pulsador de luz baja-alta, con una tecla para accionar con el índice izquierdo, perfectamente al alcance. Por más insignificante que parezca, la acción del pestañeo de luz larga es vital para el manejo urbano, ya que además en rutas o autopistas sirve para solicitar a los automovilistas un cambio de luces o, simplemente, pedir paso. Del mismo lado izquierdo encontramos la bocina y los guiñes; mientras que del lado derecho tenemos las balizas de estacionamiento y el botón de arranque.
Si bien el tablero cuenta con los indicadores tradicionales de velocidad y cuenta revoluciones, en medio del bloque encontramos otro elemento digital combinado, marcando temperatura y nivel de combustible. Lo bueno del sistema es que, con el último cuarto de tanque, el indicador comienza a parpadear y el odómetro (también de forma mancomunada) refleja la cantidad de kilómetros que se están haciendo con la reserva. Con relación al sistema de luces, son excelentes tanto a nivel delantero (con ópticas de gran calidad) así como en la parte trasera, con un generoso faro de stop que garantiza seguridad, ya que nunca dejamos de ser vistos a la hora de frenar. Dentro de otras medidas de seguridad, el motor se detiene cuando uno acciona la muleta (pata de apoyo o “pata de cabra”, muy fácil de poner y sacar). Además, y como complemento, el Yamaha Majesty cumple con todas las normas europeas (como la Euro3 anticontaminante); mientras que su sonido de marcha es casi imperceptible, gracias a un silenciador de importantes dimensiones.
Respuesta en cualquier orden
En líneas generales la moto rinde en forma excelente. Nos sorprendió su respuesta pese a tratarse de un vehículo de casi 400 cc. Se siente el latido del monocilíndrico, en especial cuando está regulando, pero destacamos la bien lograda combinación entre su electrónica y la regulación del variador. El motor del Majesty 400 es muy progresivo al ser solicitado (ya sea en forma suave o agresiva), por lo que en ningún momento la moto se comporta de manera extraña. Tampoco tiende a patinar como sucedía en Scooters de vieja generación, que perdían estabilidad cuando se apuraba un poco el acelerador y, si el piso tenía mal grip, había serio riesgo de caerse. El consumo, cuando se marcha a alto ritmo, mantiene las bondades que ofrece en el tránsito diario. Ya sea en ciudad como en autopista o ruta, el gasto de combustible está en el orden de los seis litros cada cien kilómetros. Si ese promedio aumentó en nuestra prueba, fue porque al viajar en ruta nos tocó viento en contra y la marca se fue a 9 litros cada 100 kilómetros. La configuración de las suspensiones compensa en gran medida el formato de ruedas bajas que tiene todo Scooter. Con rodado de 14 pulgadas adelante y 13” atrás, la horquilla delantera y el conjunto basculante trasero absorben prácticamente todas las irregularidades. A altas velocidades su funcionamiento no varía en demasía, haciendo que (pese al rodado pequeño) se sientan las imperfecciones del camino, aunque de una manera controlada gracias a lo ancho del manubrio que ejerce de palanca para corregir cada movimiento. Por otro lado, el conjunto permite trabajar en la puesta a punto de los amortiguadores traseros, actuando en la precarga en el caso de llevar con frecuencia un acompañante. Los neumáticos IRC se comportan muy bien (siempre y cuando no se les quiera buscar el límite). Sólo experimentaron cierto efecto “aquaplaning” por encima de los 90 km/h y a los efectos de atravesar algunos charcos por la lluvia.
Para frenar, el Majesty dispone de un doble disco delantero de gran respuesta. En el tren trasero, si bien el disco único trae una regulación de serie, buscamos exigirlo en toda condición pero fue muy difícil hacerlo bloquear. Esto indica lo bien logrado que está el balance entre ambos trenes, más si se trata de una moto de importantes dimensiones. Un detalle a saber es la presencia de una palanca del lado izquierdo del manubrio. Se trata de un freno de mano, ya que al momento de estacionar (y otra vez por su tamaño) es necesario que la moto no se mueva bajo ningún tipo de concepto o condición.
Conclusiones finales
El Maxi Scooter Yamaha Majesty 400 tiene una agilidad tremenda. Después de probarlo en ruta, nos generó una sensación que puede llegar a ser “adictiva” para muchos motociclistas, haciéndolos pensar seriamente en no volver a subirse a una moto tradicional. Esto se debe a todas sus funciones: es citadino ciento por ciento, por ser “maxi” tiene velocidad para viajar por autopista (ideal para aquellos que viven en las afueras de Buenos Aires) y, a la hora de viajar en ruta, simplemente devora los kilómetros sin que uno se dé cuenta. En líneas generales, le damos un puntaje alto porque nos brindó muchas satisfacciones. Si bien se tarda un poco en acostumbrarse a sus características, luego es muy difícil dejarlo (por eso lo tildamos de “adictivo”). Pese a que su precio no es popular (U$S 10.000 en Argentina) el Majesty 400 es ideal para aquellos que requieran de un vehículo polivalente en asfalto y que permita combinar la calles ciudadanas de todos los días con viajes intermedios por autopistas y largas travesías por ruta, una vez cada tanto. |